Un corazón fértil

Un corazón fértil

Eric y yo compartimos un amor por la jardinería y a menudo intercambiamos semillas, plantas y cosechas. Unos meses atrás me regaló unas plantitas de vegetales de hojas verdes, las cuales coloque en un cantero con amplio espacio y comencé a alimentarlas regularmente con un fertilizante de calidad.

      Después de unos meses Eric me preguntó si había comenzado a consumir las hojas; le dije que todavía estaban pequeñas y que no tenían el aspecto de estar del todo maduras. Él me comentó que las suyas ya estaban enormes y que junto con su esposa estaba cosechando hojas varias veces por semana.

      Sus comentarios me dejaron perpleja: ¿por qué no habían madurado mis plantas como las de Eric si tenían suficiente sol, agua y fertilizante? ¿En qué había fallado? Después me acordé de lo que mis profesores en el curso de jardinería me habían dicho: el éxito o el fracaso de un jardín depende, en su gran mayoría, de la calidad de la tierra. Pensé que la tierra en ese cántaro era buena, pero obviamente, las plantas me estaban avisando que era inferior; ellas no mienten.

      Jesucristo también habló del papel importante que juega la tierra para una cosecha fructífera cuando contó la parábola del sembrador. Hubo cuatro lugares en donde cayó la semilla: el camino, entre piedras, entre espinas y en la tierra fértil. Y sólo la semilla que cayó en este último lugar rindió una cosecha, las otras no dieron ningún fruto.

      Jesús no menciona el uso de fertilizante, ni de agua, ni si recibieron suficientes horas de sol. Aunque estos elementos también influyen en la calidad del producto final, si la semilla no cae en un ambiente que favorezca su crecimiento, no producirá fruto. Es posible que brote, pero en poco tiempo se secará.

      El corazón humano tiene las mismas características que la tierra. Cuando su corazón es tierno, suave y fértil, la semilla (que es la Palabra de Dios) penetra y comienza a producir todo tipo de fruto delicioso: amor, gozo, paz, paciencia y el resto del fruto que menciona Gálatas 5:22. Un corazón endurecido, sin embargo, puede escuchar muchas predicaciones, leer la Biblia todos los días y no faltar en la iglesia, pero seguirá siendo la misma persona carnal llena de odio, envidias, borracheras, adulterio, pleitos, celos y demás. (Vea Gálatas 5:19-21).

      Si quiere que su vida sea fructífera, necesita comenzar con un nuevo corazón y el Señor Jesús es el único que puede transformar su corazón de piedra en un corazón de carne. Él dice, “Les daré un corazón y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne y les daré un corazón de carne”. (Ezequiel 11:19). Sólo tiene que pedírselo y él lo hará.

      Pero recuerde que tiene que guardar su corazón nuevo para protegerlo de caer de nuevo en las obras de la carne. De la misma manera que su jardín requiere aditivos cada año para que se mantenga fresca, suelta y llena de vida, su corazón requiere un diario mantenimiento para mantenerlo limpio. Salomón escribió en Proverbios 4:23: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón porque de él mana la vida”.

      Si su corazón se ha vuelto duro y desea restaurarlo, haga la misma oración que David hizo en el Salmo 51:10, “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí”.

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