¿A quién recurre cuando se siente frustrada por el comportamiento de sus hijos o cuando tiene problemas en su matrimonio? ¿Se guarda el problema en el secreto de su corazón? ¿Le gustaría saber lo que Dios le dice que haga cuando tiene un problema con sus hijos o con su esposo? En primer lugar, es importante aclarar lo que Dios NO dice que haga.
- Dios no le dice que aguante silenciosamente. Es posible que, viendo a su mamá “tragarse” los disgustos, usted haya aprendido que esa es la manera correcta de hacerlo pero no lo es. Este método de tratar problemas le provoca úlceras y estrés.
- Tampoco quiere Dios que ande reclamando sus derechos como esposa y madre y exigiendo a gritos y golpes que la respeten. El respeto de su esposo e hijos es algo que usted se gana, no algo que demanda.
El plan que Dios escribió para que usted resolviera sus problemas es por medio de una madre mentora. Dios es un ser relacional y al hacernos “a su imagen,” él puso en nosotros la gran necesidad de tener personas a nuestro alrededor que nos puedan orientar, guiar, aconsejar y ayudar cuando surgen luchas y problemas.
¿Quiénes son estos consejeros? Son las personas que han trazado el camino en que usted está caminando. Ellas conocen los hoyos en el sendero y sabrán decirle cómo evitar caer en ellos. Son mujeres que usted admira, ama y respeta. Ellas la conocen y desean verla triunfar en la vida. Puede que no tengan mucho estudio ni preparación formal, pero sus experiencias en la vida les han dado una educación mas valiosa que la que se puede aprender en un salón de clases.
Dios llama a estas consejeras “ancianas.” Él dice, “A las ancianas, enséñales….aconsejar a las jóvenes a amar a sus esposos y a sus hijos.” (Tito 2:4) ¡Allí lo tiene! Las consejeras oficiales comisionadas por Dios para ayudarle en su crisis son las esposas y madres de la tercera edad. Los consejeros profesionales admiten que si las ancianas hicieran su trabajo, no habría necesidad de psicólogos ni psicoterapeutas.
Es una lástima ver a estas consejeras olvidadas en hogares de ancianos en vez de ejerciendo la profesión, la carrera, el oficio que Dios les encargó en sus últimos años en la tierra. Si usted tiene problemas en su hogar, le invito a buscar una anciana. Entre en su consultorio y cuéntele lo que le está pasando. Muchas veces, el simple hecho de desahogarse con ella la va a hacer sentir más liviana y menos agobiada. Recuerde que Dios puede usar esta soldada madura para evitarle muchos raspones y sanar algunas de sus heridas que han estado sangrando por años.
