Por: Miguel Jacinto
En 1976, la famosa médium estadounidense Jeane Dixon aseguró haber recibido visiones del futuro de líderes mundiales. Muchos políticos la consultaban buscando dirección. Sin embargo, sus predicciones se cumplieron parcial o fallidamente, dejando a quienes confiaron en ella confundidos y sin rumbo.
La Biblia nos advierte contra la consulta a adivinos, espiritistas o nigromantes. En Levítico 19:31 el Señor ordena a Israel diciendo: “No os volváis a los encantadores ni a los adivinos; no los consultéis, contaminándoos con ellos. Yo Jehová vuestro Dios”. El verbo hebreo traducido como “contaminar” implica impureza ritual y moral, mostrando que estas prácticas no son inocentes, sino que profanan la relación del pueblo con Dios.
El ocultismo es necedad
El ejemplo de Saúl en 1 Samuel 28 muestra la gravedad de este pecado. En lugar de humillarse y arrepentirse delante de Dios por su pecado, Saúl acudió a la bruja de Endor. Allí buscó consejo en lo oculto, rompiendo su fidelidad al Dios de Israel. La consulta a médiums es una sustitución sacrílega de la comunión con Dios por un engaño espiritual.
El ocultismo esclaviza
En Hechos 16:16 se narra la historia de una muchacha con el “espíritu de Pitón”, ligado al oráculo de Delfos en la cultura griega. Ella producía gran ganancia a sus amos con sus adivinaciones, hasta que Pablo, en el nombre de Jesucristo, expulsó de ella el espíritu maligno. Aquí se evidencia que el poder detrás de la adivinación no proviene de Dios, sino de fuerzas demoníacas que esclavizan tanto al médium como a quienes lo consultan.
La adivinación conduce a la destrucción
Pablo resalta el peligro del ocultismo advirtiéndonos: “No podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios” (1 Co 10:21). El término griego “demonios” no se refiere a fuerzas naturales, sino a inteligencias espirituales hostiles a Dios. Consultar adivinos equivale a abrir un portal espiritual a su influencia destructiva demoniaca.
La sabiduría viene de Dios
El apóstol Santiago afirma: “Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente” (Santiago 1:5). Los creyentes no necesitamos acudir al ocultismo, sino a Cristo en quien “están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Colosenses 2:3). Los cristianos debemos acudir solo a Jesucristo, Él es la Palabra viva que ilumina nuestro camino y la única voz digna de ser escuchada.
