Por: Dolly Martin
Todo a nuestro alrededor está en un estado continuo de cambio. El clima cambia de un día para otro, a veces de una hora a otra. Sigue fresca en nuestra memoria la tragedia de las inundaciones repentinas en el centro de Texas que provocaron la muerte de tantos seres queridos, muchos de ellos niños.
Las circunstancias cambian
Muchos hemos tenido que adaptarnos a cambios en el trabajo donde entra un nuevo jefe con una diferente filosofía e impone nuevas reglas. Otros han sido víctimas de un recorte de personal o el cierre de la empresa donde han trabajado durante la mayor parte de nuestra vida.
Nuestras familias también cambian: un nacimiento, una muerte, una graduación, una boda, una mudanza. Todos en la familia sienten el cambio y reaccionan de maneras diferentes.
Las personas cambian
Nos alegramos cuando alguien que ha tenido un estilo de vida vergonzosa, llena de pecado, se humilla delante de Dios y comienza a vivir una vida con propósito. Es alentador ver a aquel que ha dejado las drogas, el alcohol, o algún otro vicio que le tenía encadenado y comienza a caminar en libertad. Dios dice en Juan 8:36, “Así que, si el Hijo los hace libres, serán verdaderamente libres” (RVA-2015).
Por otro lado, nos entristece cuando alguien abandona su hogar, adopta un estilo de vida pecaminoso o incluso se quita la vida. Aun cuando la persona no sea cercana a nosotros, lamentamos que alguien haya escogido el mal camino que le lleva a la destrucción.
Como los cambios nos afectan
Algunos sufren mucho cuando enfrentan los cambios mientras que otros hacen los ajustes necesarios y se adaptan rápidamente a la nueva norma. En general, los jóvenes son más flexibles y sufren menos que las personas mayores los cuales tienden a resistir los cambios más. Curiosamente, la Biblia está llena de historias de personas a las que Dios llamó a Su servicio estando en la tercer edad. Abraham tenía 75 años cuando Dios lo llamó a salir de su tierra, dejar su familia y viajar a un lugar desconocido para comenzar una nueva nación. Moisés tenía 80 años cuando Dios se le apareció en la zarza ardiente y le llamó a sacar Su pueblo de Egipto y conducirles a la tierra prometida. Jacob tenía 130 años cuando dejó su hogar debido a la hambruna mundial y se mudó a Egipto con toda su familia para ser alimentados por José.
Estos tres y otros hombres de la Biblia sufrieron cambios a una edad avanzada, pero tenían un ancla firme que les proveyó estabilidad. Sin importar nuestra edad, todos necesitamos un ancla firme que nos provea estabilidad cuando vienen los cambios.
Dios no cambia
En un mundo cambiante, usted puede encontrar estabilidad en Dios porque Él nunca cambia. Él dice en Malaquías 3:6, “Porque yo Jehová no cambio”. Dios es inmutable. Él ha existido desde la eternidad y Su naturaleza, Su carácter, Sus deseos y Sus propósitos siguen iguales. Por ejemplo, el amor y la justicia de Dios hacia sus hijos no cambia. Leemos en Salmos 103:17, “Mas la misericordia de Jehová es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen, y su justicia sobre los hijos de los hijos”.
Nos cuesta entender la naturaleza incambiable de Dios porque los humanos somos tan fluctuantes. Por eso Dios nos dice claramente que Él no es como el hombre. Números 23:19 dice, “Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?” Esta verdad se repite en el Nuevo Testamento en el libro de Santiago donde leemos, “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación (Santiago 1:17). Es un enorme alivio saber que el Dios que gobierna el mundo es estable, fiable, y confiable. Esta misma cualidad la comparte el Señor Jesucristo, el segundo miembro de la Trinidad. Hebreos 13:8 declara, “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”.
Confíe en Él
Dios nos dice cómo es Él, una roca firme e inconmovible, y luego nos invita a confiar en Él para gozar de la estabilidad, y la paz que solo Él puede proveer. Isaías 26:4 dice, “Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos”. Las tormentas vienen, pero el Señor es el refugio en medio de la tempestad. Debajo de Sus alas usted encontrará paz y calma.
El mundo seguirá cambiando, pero Dios seguirá siendo el mismo Dios inmutable, inconmovible, y accesible. Acérquese a Dios el Padre hoy por medio de Su Hijo Jesucristo y comience a gozar de la paz que solo Él puede dar.
