Restauremos a los demás
¿Cómo podemos resolver los conflictos en la iglesia y restaurar nuestras relaciones según la Biblia?
Hasta el día de hoy, no existe iglesia alguna que no haya enfrentado conflictos. Estos pueden surgir dentro del liderazgo o entre los miembros de la congregación, pero en la mayoría de los casos existe una raíz común: el egoísmo humano. La Biblia describe esta inclinación en términos claros. La palabra “carne” se refiere a la naturaleza pecaminosa que busca su propio beneficio por encima de los demás (Gálatas 5:19-20). Este impulso, si no es sometido al Espíritu, inevitablemente produce divisiones.
El apóstol Pablo conoció de cerca esta realidad al confrontar al apóstol Pedro por su conducta hipócrita (Gálatas 2:11-17) . La palabra griega hypokrisis implica actuar con doble intención, fingiendo una postura que no refleja la verdad del evangelio. Asimismo, Pablo tuvo un desacuerdo con Bernabé respecto a Juan Marcos (Hechos 15:36-40), mostrando que incluso los líderes maduros pueden experimentar tensiones. Además, su predicación de la salvación por gracia le ganó la oposición de los judaizantes, quienes intentaban imponer la ley como requisito de la salvación.
Sin embargo, Pablo no evitó los conflictos, sino que los enfrentó con firmeza y fidelidad a la verdad. En Efesios 4:15, exhorta a “hablar la verdad en amor”. Aquí, la palabra “verdad” se combina con ágape (amor sacrificial), estableciendo un equilibrio esencial: confrontar sin destruir, corregir sin dejar de amar.
Es importante comprender que los conflictos no son el problema en sí, sino cómo respondemos a ellos. Santiago 4:1 enseña que las guerras y pleitos provienen de nuestras pasiones desordenadas. El término “pasiones” describe deseos egoístas que buscan satisfacción personal.
Por ello, el principio bíblico clave para resolver conflictos es la negación del yo. Filipenses 2:3-4 nos llama a considerar a los demás como superiores a nosotros mismos. Este tipo de actitud refleja el carácter de Cristo, quien “se despojó a sí mismo” (Filipenses 2:7).
Estimado hermano y amigo, los conflictos son inevitables, pero también son oportunidades para crecer en gracia. Cuando dejamos a un lado el egoísmo y buscamos el bien común, el Espíritu Santo obra restauración. Así, la iglesia no solo supera sus diferencias, sino que refleja el amor transformador de Cristo al mundo.
