En la cárcel de Angola en Luisiana ocurrió una revolución. Esta prisión era notoria por ser una de las cárceles más violentas de todo Estados Unidos, pero esto cambió en 1995 cuando llegó el director Burl Cain. La prisión de Angola, la más grande de máxima seguridad en los Estados Unidos, tiene 5,100 presos de los cuales 4,000 tienen sentencia perpetua. La sentencia promedio para los que no tienen cadena perpetua es de 93 años. Más del 90 por ciento de los reos que llegan a Angola mueren ahí.
Hace 18 años, el director Cain, un devoto cristiano, inició varios programas de reforma dentro de la cárcel. Cain dice, “Creo sinceramente que estos hombres pueden reconstruir sus vidas, vidas que han sido destrozadas por crímenes horribles, si abrazan un verdadero cambio, de corazón”. La rehabilitación moral, afirma el director Cain, es la única y verdadera rehabilitación. “Les puedo conseguir educación, puedo lograr que aprendan a leer y a escribir, pero si no cambian moralmente, aún son criminales”.
Ante su insistencia, el Seminario Teológico Bautista de Nueva Orleans comenzó a operar dentro de las paredes de Angola un Colegio Bíblico de financiamiento privado con una duración de cuatro años y nacionalmente acreditado. Más de 200 reclusos se han graduado del Colegio de la Biblia y muchos se han convertido en predicadores.
Este mismo programa se ha introducido en la unidad Darrington en Rosharon, Texas. El seminario llamado Darrington Bible College (una extensión del Southwestern Baptist Theological Seminary en Fort Worth) comenzó con 40 estudiantes en marzo de 2011. Es de notar que todos los estudiantes tienen sentencias de cadena perpetua o sentencias extremadamente largas. Después de su graduación, la mayoría de estos presos serán transferidos como “Ministros” a otras prisiones en Texas donde servirán como asistentes a los capellanes, para ministrar a presos que no tienen sentencias largas y estarán regresando a sus comunidades. Algunos están prediciendo que el Señor usará este programa en las cárceles para traer avivamiento a los Estados Unidos.
El apóstol Pablo, estando en prisión, ministró a Onésimo, quien había sido un esclavo y le había robado a su amo, Filemón y a través del testimonio de Pablo, Onésimo confió en Jesucristo como su Salvador. Pablo le escribió una carta a Filemón pidiendo que recibiera a Onésimo “como a mí mismo” (Filemón versículo 12). Además le dice a Filemón, “Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta”. (Filemón versículo 18). Es claro que Pablo no dudaba de la sinceridad de la conversión de Onésimo y lo estaba enviando de regreso a Filemón como ministro para trabajar a la par de Filemón para avanzar al reino de Dios.
Todos nosotros hemos quebrantado la ley de Dios así que sin importar si estamos dentro o fuera de la cárcel, tenemos una deuda con Dios. Todos somos culpables y la sentencia para todos es la misma: muerte. Romanos 6:23 nos lo dice claramente, “Porque la paga del pecado es muerte.”
Pero la gracia de Dios está disponible para todos. Efesios 2:8-9 dice, “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras para que nadie se jacte.”
Si usted ha recibido el perdón de sus pecados, el Señor le está llamando a que sea un ministro, el Señor tiene un trabajo para usted. Él quiere usarle para compartir estas buenas noticias con otros en su esfera de influencia dentro o fuera de la cárcel. Acepte el llamado de Dios y comience a servirle.
