Pensando en el Cielo

Pensando en el Cielo

Me gusta pensar en el cielo. Me gusta leer acerca de lo que habrá en el cielo. Cada vez que un ser querido o amigo pasa a la presencia del Señor; paso horas imaginándome lo que él o ella está ahora experimentando al estar en la misma presencia de Dios. ¿Qué tipo de recepción habrá tenido al llegar? ¿Cantaron los ángeles un coro de bienvenida?

      La Biblia habla mucho del cielo porque Dios quiere que tengamos nuestra mirada puesta en nuestro destino eterno. El cielo es un lugar magnífico con muchas atracciones. La Biblia dice, “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en el corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman”. (1 Corintios 2:9). Tiene comida exótica, habitaciones de primera clase, un paisaje inigualable y sobre todo, allí está sentado, en Su trono, el Todopoderoso Dios y su Hijo Jesucristo. Por toda una eternidad tendremos el privilegio de ver, tocar y hablar con nuestro Señor. Tendremos un cuerpo nuevo en el cielo, semejante al cuerpo resucitado del Señor Jesucristo. Tal cuerpo no será sujeto a enfermedad, dolor o muerte.

      Satanás no quiere que pensemos en el cielo ¿Por qué? Porque cuando lo hacemos, tiene un efecto purificador en nuestras vidas. De repente, la casa lujosa de nuestro vecino o su automóvil nuevo ya no nos molesta tanto comparado con la mansión que Jesús nos está construyendo y las calles de oro en las que estaremos caminando. Los problemas de esta vida parecen disminuir en intensidad cuando los comparamos con los beneficios de nuestra morada eterna.

      El enemigo no sólo quiere evitar que pensemos en la vida eterna, sino que siembra dudas de que existe tal lugar. Él ha creado religiones enteras en la que el cielo no figura para nada, o si existe, es un cuadro completamente distorsionado del que presenta la Biblia. Ha lavado el cerebro de muchos por el simple hecho de que no leemos la Biblia. Como resultado, no tenemos base firme para nuestras convicciones acerca del cielo y cualquier viento de doctrina errónea nos sopla de acá para allá.             ¿Qué tal? ¿Cuándo fue la última vez que se puso a meditar en el cielo? Le animo a que lea los capítulos 4, 21 y 22 de Apocalipsis para comenzar a entender las riquezas que Dios está preparando para los suyos, los que tienen su nombre inscrito en el libro de la vida.

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