¿Se imagina un padre aconsejando a su hijo en su noche de bodas con las siguientes palabras?: “¡Que sus pechos te satisfagan siempre!” No creo que sea muy común escuchar palabras tan directas de un padre. En temas de intimidad, muchos padres se quedan mudos y prefieren que sus hijos aprendan por sí solos o en la calle.
Sin embargo, existe un padre, el Padre de Padres, su Padre celestial, a quien no le da pena ser directo con usted. En el capítulo 5 de Proverbios, Él le da una serie de consejos matrimoniales. Dice: “Bebe el agua de tu propio pozo, el agua que fluye de tu propio manantial. ¿Habrán de derramarse tus fuentes por las calles y tus corrientes de aguas por las plazas públicas? Son tuyas, solamente tuyas, y no para que las compartas con extraños.” (Proverbios 5:15-17)
Este consejo tiene aplicación literal para aquellos que viven en países subdesarrollados donde se toma agua de un pozo. El cuerpo humano desarrolla anticuerpos en contra de las bacterias que existen en su propia cisterna y no se enferma. Sin embargo, si toma de otra, es probable que contraiga un virus estomacal.
De igual manera, uno que se limita a practicar la intimidad con su cónyuge se está protegiendo de enfermedades venéreas y el SIDA. Dios está aconsejando especialmente al hombre que tenga cuidado de dónde deposita su semen. Él no quiere que usted derrame su semilla preciosa y valiosa por las calles como si fuera agua sucia del fregadero. La única con quien Dios quiere que usted comparta intimidad es con la pareja de su juventud, no con extraños. Dios es muy claro en sus instrucciones.
Este consejo también se aplica a la práctica de la masturbación, que en esencia es sexo con uno mismo. Dios diseñó un lugar perfecto en donde el hombre puede depositar su semilla y es la vagina de la mujer. En Génesis capítulo 38 leemos de Onán, el hijo de Judá que, “cada vez que tenía relaciones con ella (Tamar), derramaba el semen en el suelo. Esta conducta ofendió mucho al Señor. . .así que le quitó la vida.” (Énfasis mío)
Si usted practica la masturbación, pídale al Señor que sane las heridas emocionales que le han llevado a desarrollar este hábito. El Señor es su sanador.
Dios sigue con sus consejos matrimoniales diciendo, “¡Bendita sea tu fuente! ¡Goza con la esposa de tu juventud! ¡Que sus pechos te satisfagan siempre! ¡Que su amor te intoxique todo el tiempo! ¿Por qué, hijo mío, dejarte intoxicar por una adúltera? ¿Por qué abrazarte al pecho de la mujer ajena? Nuestros caminos están a la vista del Señor; Él examina todas nuestras sendas.” (Proverbios 5:18-21, énfasis mío)
Dios diseñó los pechos de la mujer como juguete para el hombre y para ayudarle a llegar al clímax del amor. ¡Aprovéchelos! ¡Úselos!
Tal vez nunca pensó en el amor como un acto intoxicante, pero Dios así lo describe. Él quiere que usted se pierda completamente (cuerpo, alma y espíritu) cada vez que usted y su esposa entran al lecho matrimonial. Emborráchese de amor junto con su esposa.
Si usted se encuentra frustrado porque sus sueños en cuanto a la intimidad con su pareja no se han realizado, estudie el manual del sexo, la Biblia. En ella Dios le da toda la información que usted necesita para encontrar satisfacción. Hable con el que diseñó el sexo. Él tiene todas las respuestas.
