El Comunicador · Octubre 2026

El llamado del pastor

Por Miguel Jacinto

Dios no busca pastores motivados por reconocimiento, dinero u obligación, sino hombres rendidos que sirvan con pasión,
fidelidad y amor.

Pastorear no es ocupar una posición sino cargar un llamado sobre los hombros y un rebaño sobre el corazón.
En 1 Pedro 5:2, el apóstol Pedro presenta el ministerio pastoral como un santo llamado a cuidar lo que pertenece a Dios diciendo: “Pastoreen el
rebaño de Dios”. El verbo “pastorear” significa: alimentar, proteger y guiar como lo hace un pastor con sus ovejas. No se trata simplemente de administrar una
congregación, sino de acompañar las almas que Cristo compró con su sangre. Pedro añade: “velando sobre” o “supervisando con cuidado”.

El pastor está llamado a observar, discernir,
orar y permanecer atento a las necesidades espirituales del rebaño. Esta responsabilidad no debe ejercerse “por obligación”, sino con un corazón rendido a Dios. El apóstol también confronta       la tentación de servir por interés personal. El ministerio no puede estar gobernado por una ganancia deshonesta o un deseo egoísta de beneficio personal. En contraste, Dios llama a servir con
disposición, entusiasmo y sinceridad. Recuerde usted no pastorea solo, pues el Príncipe de los pastores le sostiene constantemente. Sirva con fidelidad. Su recompensa no depende de la ovación humana, sino de Aquel que ve en secreto y permanece fiel.