Cuando Dios abre puertas inesperadas
De una “inspectora de pies” en China a la radio misionera en Panamá, Dios sigue usando medios inesperados para llevar el evangelio.
Durante casi mil años los chinos practicaron algo llamado “Atadura de los pies”. Era la costumbre de aplicar una atadura apretada a los pies de las niñas para modificar la forma y el tamaño de sus pies. Los pies atados se consideraron un símbolo de estatus y una marca de belleza. La “Atadura de los pies” fue una práctica dolorosa y limitó significativamente la movilidad de las mujeres, resultando en discapacidades de por vida para la mayoría de ellas.
A principios del siglo veinte, gracias a la intensa presión por parte de misioneros occidentales y reformadores chinos, el gobierno chino pasó leyes oficialmente prohibiendo esta costumbre. Cerca de 1935, el mandarín de Yangchen visitó a la misionera Gladys Aylward para informarle de la nueva ley y le ofreció la posición de “inspectora de pies”. El mandarín explicó que era una posición pagada y que dos de sus soldados le acompañarían en sus viajes como “inspectora de pies”. El que rehusara obedecer sería llevado a la cárcel.
Una misión inesperada
Gladys había estado en China menos de un año y apenas estaba aprendiendo el idioma, pero se dio cuenta que, si aceptaba este mandato del mandarín, tendría la oportunidad de compartir el evangelio con todas las mujeres y niñas del distrito. Le dijo al mandarín, “Soy cristiana y a dondequiera que vaya, yo le diría a la gente de mi Dios y mi fe y procuraría que otros creyeran lo mismo que yo”. El mandarín pensó unos minutos y luego contestó, “Es sumamente importante detener la atadura de los pies inmediatamente. En cuanto a su religión, si las personas creen y se convierten en cristianos, van a querer tener pies como los suyos y eso es bueno”.
Pies libres y corazones transformados
Durante meses, Gladys viajó por todo el distrito informando a las mujeres de la nueva ley y librando los pies de todas las niñas y mujeres. A dondequiera que iba, Gladys compartía historias de la Biblia con todos los aldeanos, enseñándoles acerca del Dios de la Biblia.
Al terminar su gira por todo el distrito, se presentó delante del mandarín para dar su reporte. El la felicitó, pero insistió que regresara a cada aldea para asegurar que los pies de las niñas y mujeres seguían libres de toda atadura. Gladys felizmente aceptó ya que este “trabajo” había resultado en la conversión de muchos chinos y en cada pueblo, los cristianos se habían comenzado a reunir.
Dios había preparado el camino
Antes de ir a China, Gladys había trabajado como una mucama en Inglaterra con poca educación formal. Sin embargo, Dios la llamó a compartir Su amor y Su mensaje de salvación al pueblo de Yangchen y fue obediente al llamado, aunque ninguna agencia misionera la apoyó. El mandarín escogió a Gladys para ser su “inspectora de pies” porque ella era la única mujer que tenía los pies normales y podía caminar por todo el condado inspeccionando los pies de las mujeres. Dios preparó el camino para Gladys y abrió la puerta para que pudiera predicar el evangelio sin impedimentos y a expensas del gobierno.
Una iglesia que envía
La obra misionera comenzó en Hechos 13:2 cuando el Espíritu Santo habló a la iglesia en Antioquia y les dijo, “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado”. Ellos les impusieron las manos y los enviaron para cumplir la misión que Dios tenía para ellos. Desde entonces, millones de hombres y mujeres han sido enviados a la obra misionera por la iglesia local.
Cuando la iglesia participa, todos ganan
Cuando una iglesia envía a las personas a la obra misionera, todos ganan. Primero, las personas escuchan las buenas nuevas y se convierten al Señor como sucedió en China por medio de Gladys. Luego, la fe de los miembros de la iglesia es avivada porque reciben reportes de las increíbles maravillas que Dios está haciendo por medio de sus mensajeros. Por último, Dios es glorificado por el fruto en la vida de los nuevos creyentes. Leemos en Juan 15: 8, “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos”.
De China a Panamá
Los misioneros Dale y Elizabeth Redman ministran a los Ngäbe de Panamá y están viendo enorme fruto de su labor. Radio Amistad ha unido esfuerzos con los Redman proveyendo programación para su emisora sin cobro. Vea el artículo en la página 2.
Puede unirse a esta obra misionera con su ofrenda. Su apoyo financiero hará un impacto eterno en la vida de las personas en todo el mundo que reciben la programación por radio, internet, aplicación móvil o satélite. ¿Se unirá a este esfuerzo? Visite radioamistad.net para dar su ofrenda misionera hoy.
