Alcanzando a un mundo que necesita conocer a Dios
La iglesia ha recibido la misión de llevar el mensaje de salvación a un mundo que necesita conocer a Dios. El alcance misionero expresa el corazón de Cristo por las personas y demuestra que el evangelio no debe permanecer encerrado, sino avanzar hacia cada comunidad y nación. Por eso, la iglesia debe asumir con pasión, obediencia y compromiso la responsabilidad de alcanzar vidas para Cristo.
La misión evangelística nace del corazón de Dios
Jesús dijo: “Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones” (Mateo 28:19). La palabra “Id” presenta la misión como una responsabilidad permanente de la Iglesia. Asimismo, “naciones”, comunica la amplitud universal del propósito de Dios. La palabra griega “etnos” se refiere a “familia o clan”, revela que el propósito redentor de Dios siempre contempló a pueblos diversos. La iglesia debe mirar hacia afuera, identificar a las personas que necesitan a Cristo y desarrollar estrategias para alcanzarlas.
El alcance misionero permite que las personas escuchen y crean
Pablo pregunta: “¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído?”, estableciendo una cadena: enviar, predicar, escuchar, creer e invocar (Romanos 10:14). La palabra “predicar” significa “proclamar como un heraldo”, comunicando públicamente un mensaje recibido de una autoridad. La misión no consiste simplemente en hacer obras sociales; incluye anunciar fielmente a Jesucristo. La iglesia necesita la radio, las redes sociales, evangelismo personal, visitas, discipulado y ministerios comunitarios para llevar el evangelio a quienes nunca entrarían en una iglesia.
El alcance misionero es responsabilidad de todos
Jesús afirma: “recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros; y seréis mis testigos” (Hechos 1:8). La palabra “testigo”, describe a quien da testimonio de lo que conoce. Isaías 6:8 expresa la misma disposición: “Heme aquí, envíame a mí”. La palabra “enviar”, implica ser comisionado para cumplir una misión. Cada creyente debe preguntarse dónde lo está enviando Dios: familia, trabajo, vecindario, ciudad o naciones. La misión no pertenece solamente a pastores o misioneros; pertenece a toda la Iglesia.
En resumen, el alcance misionero no es una actividad secundaria, sino parte esencial de nuestra obediencia a Cristo. Somos enviados para anunciar, servir, discipular y llevar esperanza hasta los confines de la tierra.
