Se cuenta que un día el Señor Congleton oyó a una de sus criadas declarar, “Si tuviera cinco libras (lo equivalente a veinticinco dólares) estaría perfectamente contenta. Él lo pensó un momento y decidió que le gustaría ver a alguien “perfectamente contento”, así que, entró en la cocina y le dio un billete de cinco libras. Ella se lo agradeció profundamente.
Él se retiró de la cocina, pero se detuvo al otro lado de la puerta por un momento. Tan pronto ella pensó que él estaba fuera del sonido de su voz, la criada comenzó a quejarse amargamente, “¡Por qué no se me ocurrió decir diez libras!”
Uno de los pecados que esclaviza el corazón humano es el descontento. Aun los hombres más ricos pueden ser presos de este vil enemigo. La leyenda dice que alguien le preguntó al multimillonario, J.D. Rockefeller, “¿Cuanto dinero es lo suficiente?” a lo que el respondió, “Sólo un dólar mas”.
Tal vez usted vino a este país, la tierra de la oportunidad, en busca de fortuna y aunque ha logrado adquirir algunas posesiones, no está conforme. Ha caído preso del síndrome de “sólo un dólar más”. El auto que compró el año pasado ya no le trae el mismo placer. Tiene su casa, pero ahora desea una más grande y más lujosa. Además, tiene su ojo puesto en un nuevo juego de sala, al televisor de alta definición y un sin fin de otros muebles cuya adquisición, cree, le harán feliz.
Desear estas cosas no es pecado, pero el problema es cuando el deseo se convierte en codicia. Una señal de que está entrando en las aguas profundas de la codicia es que sus pensamientos continuamente se centran en aquellas cosas que desea. Pronto se encuentra insatisfecho con aquellas cosas que tiene y maquina un plan para conseguir lo que ha capturado su mirada, sin importar si esta compra le pondrá en aprietos financieros. Tranquiliza su conciencia agitada argumentando que lo “necesita”.
Si usted se encuentra ahogándose en problemas financieros por compras desmedidas, hay esperanza. Al reconocer que tiene un problema, ha tomado un paso gigantesco que le llevará hacia la libertad. El segundo paso es pedir la ayuda de Dios. El Señor está cerca y está ansioso de ayudarle. Leemos en Salmo 34:18-19, “Cercano esta Jehová a los quebrantados de corazón: y salva a los contritos de espíritu. Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová”.
Dios quiere sacarle del pozo de la deuda, pero si usted no ha recibido el perdón de sus pecados por medio de la sangre de Jesucristo, entonces la necesidad mayor que usted tiene es la salvación de su alma. Una vez que ponga su fe en el Señor Jesús, tendrá sanidad espiritual. Entonces Cristo le enviará al Espíritu Santo, el Consejero Divino, para vivir en su corazón y guiarle paso a paso hacia la estabilidad financiera.
El tercer paso es seguir los principios financieros que Dios le da en Su Palabra. Comience a leer la Biblia y obedecer lo que Dios le dice y verá que muy pronto su situación financiera mejorará. No siga esclavo del descontento. La solución está a su alcance. Tómela.
