La Persecución

La Persecución

El 7 de marzo de 2006, Abraham estaba visitando a unos parientes en Java, Indonesia cuando fue atacado por un grupo de musulmanes que lo golpearon severamente y volcaron su carro de mudanzas. Otros musulmanes se unieron al ataque y empezaron a gritar, “¡quémenlo!” y pusieron fuego a su carro de mudanzas antes de que la policía llegara para rescatarlo.

En el 2002, la policía y la milicia entraron en la casa de Mua Say So y golpearon y torturaron a sus cuatro hermanos casados delante de sus familias. A raíz de este ataque su hermano más joven, Mua Bua Senh, murió. Buscando justicia por el asesinato de su hermano, So solicitó justicia del gobierno pero terminó siendo arrestado y culpado del asesinato. Mua Say So fue sentenciado a tres años de prisión por asesinar a su hermano y por acusar a la policía falsamente.

            Estos son sólo dos, de cientos de casos reales de persecución moderna, publicados por el ministerio La Voz de los Mártires (www.persecucion.org/).

Sin duda una de las preguntas que surgen cuando uno pasa por el valle de dolor es: ¿Por qué? La primera oración que generalmente sale de nuestros labios cuando sufrimos es “¡líbrame Señor!”.

Dios es el único que entiende la razón por la que viene a nuestra vida la tribulación y también es el único que tiene el poder para librarnos de cualquier problema. Él ha dicho, “Yo soy el Señor, Dios de toda la humanidad. ¿Hay algo imposible para mí?”, (Jeremías 32:26).

Sin embargo, estoy segura que usted ha pasado situaciones en las que Dios no lo rescató y tal vez eso le hizo pensar que Dios no lo ama o que lo está castigando por algún pecado.

Es interesante que Dios no rescató a Su Hijo Jesucristo aunque Él clamó al Padre con lágrimas pidiendo que lo librara del intenso sufrimiento por el que iba a pasar. En la Biblia leemos “Jesús ofreció oraciones y súplicas con fuerte clamor y lágrimas al que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su reverente sumisión.” (Hebreos 5:7). Usted dirá…pero Dios NO lo escuchó. Jehová lo abandonó.

Para entender esto, debemos examinar minuciosamente cuál fue la petición de Jesucristo. Leemos en Mateo 26:39 “Se postró sobre su rostro y oró; ‘Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres Tú.’” (Énfasis personal). Note que Jesús confiesa a Su Padre que no desea pasar por esa prueba dura. Además le pide que le rescate, pero esa petición viene acompañada de su verdadero deseo: que se haga la voluntad del Padre. En medio de su dolor y angustia, estaba completamente rendido a la voluntad de Su Padre.

Regresando al libro de Hebreos leemos que Jesús aprendió algo por medio de Su sufrimiento, aprendió a ser obediente. Dice la Escritura, “Aunque era Hijo, mediante el sufrimiento aprendió a obedecer y…llegó a ser autor de salvación eterna para todos los que le obedecen.” (Hebreos 5:9).

Si Cristo tuvo que aprender la obediencia, ¿cuánto mas tú y yo? ¿Está dispuesto a ser obediente, aunque Dios no lo libre? Si está pasando por una prueba difícil, ¿por qué no sigue el ejemplo de Jesús? Sea honesto con Dios acerca de sus deseos, pero una vez que ha expresado su sentimiento, déle permiso a Dios a no responder a su petición con el fin de que SU voluntad se cumpla.

Dios recompensa a sus hijos cuando son obedientes. Jesucristo fue exaltado hasta lo sumo por su humilde sumisión y Jesucristo promete dar una recompensa a cada uno según hayan sido sus obras. Comience hoy a obedecer y a acumular premios que le estarán esperando en el cielo.

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