Dios escucha la oración de una madre
Por Dolly Martin

Inés salió de su casa frustrada e irritada. Su yerno, Elton, era un ateo y la sacaba de quicio con sus comentarios antagónicos. Ella le había aconsejado y rogado a su hija a no casarse con él, pero no le hizo caso. Inés había llevado a sus hijos a la iglesia y les inculcó el temor de Dios desde una temprana edad, pero ellos habían seguido el ejemplo de su padre inconverso. Ahora, su hija y yerno estaban viviendo con ella y él no le permitía sacarle el tema de Dios.
A pesar de su rechazo al Señor, Inés oraba por Elton y su hija, Rebeca, quien estaba lejos del Señor. Trataba de razonar con Elton y hacerle ver su error, pero él no quería saber nada de Dios. Cada vez que Inés le sacaba el tema, terminaba tan molesta y enojada que salía a caminar. En sus caminatas, oraba, gritaba, y se quejaba con Dios. El Señor la escuchaba y el Espíritu Santo le ministraba trayendo a su memoria Sus promesas.
La caminata terapéutica
El ejercicio era terapia para su cuerpo, pero mucho más para su alma. Comenzaba reclamando al Señor que no le estaba respondiendo a sus plegarias por su hija y yerno, pero terminaba con su fe fortalecida, su corazón restaurado y su espíritu calmado. Inés regresaba con fe y paz, sabiendo que el Señor tenía control de la situación y que Él iba a tratar con Rebeca y Elton a Su tiempo y a Su manera.
Inés sabía que cuando uno no se rinde a Dios por las buenas, será por las malas y les había advertido a sus hijos esto, pero no le creían. Un día, Elton, quien era muy agresivo y duro con Rebeca, tuvo una fuerte discusión con ella y llegaron las autoridades a su casa. Habían estado casados unos años y tenían un bebé de seis meses. En sus investigaciones, los policías encontraron que Elton tenía un récord de haber violado a una niña de siete años cuando él era un joven de 13 años. Child Protective Services (Servicios de Protección Infantil) se involucró y Elton terminó en la cárcel.
Aislado del mundo
El Señor ahora tenía a Elton donde lo quería, aislado del mundo y con mucho tiempo para pensar, meditar y reflexionar sobre sus ideas. Dios usó ese confinamiento para transformar la mente y corazón de Elton. Entregó su vida al Señor y se convirtió en un hombre de Dios. Comenzó a leer y estudiar la Biblia, asistir a estudios Bíblicos y hablar a sus compañeros de cárcel acerca del Señor. Cuando salió de la prisión, era un hombre transformado. Al ver el cambio en su esposo, Rebeca rededicó su vida al Señor y comenzaron a ir juntos a la iglesia. Hasta la fecha, esta familia sigue al Señor y son el deleite del corazón de Inés.
Fue una prueba muy dura para todos ellos y lo sigue siendo. La etiqueta de “delincuente sexual” es de por vida y la sociedad lo toma muy en serio. Tuvieron que mudarse de apartamentos porque no permitían que un “delincuente sexual” viviera allí. Dios ha borrado los pecados pasados de Elton y los ha echado al fondo del mar, pero el mundo no tiene la misma misericordia.
En Lucas 18, Jesús enseñó “la necesidad de orar siempre y no desmayar” por medio de la parábola de la viuda y el juez injusto. En esta historia, la viuda insistía al juez que le hiciera justicia contra su adversario. Aunque el juez “ni temía a Dios, ni respetaba a hombre” finalmente le hizo justicia porque no quería llegar al límite de su paciencia con esta viuda que le visitaba continuamente insistiendo que le hiciera justicia.
Dios escucha
Jesús concluye diciendo, “¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia” (Lucas 18:7-8). Jesús hace hincapié en que Dios el Padre, a diferencia del juez injusto escucha y contesta las oraciones y plegarias que le hacemos.
Al igual que Inés, nosotros enfrentamos circunstancias en nuestras vidas que somos incapaces de cambiar. Por eso apelamos a nuestro todopoderoso Dios para que Él intervenga y resuelva la situación o “nos haga justicia” como pedía la viuda en la parábola. Pero nos desesperamos cuando la respuesta no viene de inmediato y somos tentados a pensar que Dios no nos escucha, o que no le importa nuestro sufrimiento y dolor.
Jesús nos asegura que a Dios si le importa. Dios escucha y tiene un corazón tierno, lleno de amor y misericordia. Durante los días, meses y años en que esperamos la respuesta, podemos afirmar nuestra fe en Dios (como hizo Inés en esas caminatas) y recordar sus promesas. A su tiempo y a su manera, el Señor responderá a la oración de una viuda, de una madre o de cualquiera que le busca de todo corazón.
El profeta Jeremías escribe en Jeremías 29:13, “Me buscarán y me hallarán, porque me buscarán con todo su corazón” (RVA-2015). El sentido de este pasaje es que no dejemos de buscar a Dios. Es una búsqueda continua, un reto a buscar y seguir buscando. Si buscamos con todo nuestro corazón, a Su tiempo, recibiremos la respuesta. Feliz día de las madres.
Las madres que confían en Dios son testimonios vivos de fe
Por Miguel Ángel Jacinto
Las Escrituras revelan que la maternidad, lejos de ser solo una responsabilidad natural, es también un llamado espiritual sostenido por la gracia divina. En Proverbios 31:25 se afirma: “Fuerza y honor son su vestidura; y se ríe de lo por venir”, este texto demuestra que la confianza en Dios permite a la madre mirar el futuro con esperanza, no con temor.
Las madres se fortalecen en Dios
Las madres que ponen su fe en el Señor entienden que sus esfuerzos no son en vano. El Salmo 127:3 declara: “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre”. Esta verdad transforma la perspectiva de que los hijos no son una carga, sino una bendición confiada por Dios, lo cual fortalece el ánimo aun en momentos de cansancio o incertidumbre.
Las madres nutren su fe en la oración
La esperanza espiritual de las madres se nutre en la oración constante. Como Ana, quien clamó con fe y recibió respuesta (1 Samuel 1:27), las madres encuentran en Dios un refugio seguro. Él escucha sus súplicas, ve sus lágrimas y responde conforme a su voluntad perfecta. Esta relación íntima con Dios renueva las fuerzas, tal como el profeta Isaias escribe: “pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas” (Isaías 40:31).
Las madres dejan un legado eterno
La enseñanza fiel de una madre deja una huella eterna. El apóstol Pablo reconoce la fe genuina que habitó primero en la abuela Loida y en la madre Eunice, como evidencia del impacto espiritual que una madre puede transmitir a las generaciones (2 Timoteo 1:5). La esperanza y la fe no solo sostienen, sino que también se multiplican en la vida de sus hijos y de todos los que le rodean.
En conclusión, la madre que confía en Dios vive sostenida por una esperanza que no depende de las circunstancias, sino de las promesas eternas. Su fe la impulsa a seguir adelante, sabiendo que “el Señor es su ayudador” (Hebreos 13:6), y que su labor, hecha en amor y obediencia, tiene un valor eterno delante de Dios. ¡Feliz Mes de las Madres!
