El engaño de la magia blanca

Por: Dolly Martin

Maritza creció en un pueblo pequeño de Guatemala donde se practicaba la magia blanca. Se promociona esta práctica como siendo benéfica. Sus objetivos suelen ser la sanación, la prosperidad, la protección y la ayuda en general, utilizando la energía positiva y la conciencia para realizar sus rituales. Pero no existe tal cosa como espíritus “buenos” ya que todos son servidores del diablo quien odia a la raza humana y usa el engaño y la mentira para ganar seguidores.

Su mamá consultaba con espiritistas para saber la razón de todos los problemas que le acechaban. Los médiums vieron su interés y le invitaron a estudiar para desarrollar el “don” de intervenir para aquellos que necesitaban contactar el mundo de los espíritus.

La voz del espíritu

Siendo que la familia de Maritza eran de muy escasos recursos económicos, vivían en una casita con un solo cuarto que servía de cocina, comedor y dormitorio para todos. Una noche, después que ella y sus hermanos se habían acostado, llegó un señor a la casa para invocar a los “seres espirituales” a favor de la madre de Maritza. Tenían las luces apagadas y estaban quemando el copal, incienso y candelas de color.

De repente Maritza se despertó con terror porque escuchó la voz del demonio que estaba hablando con el Señor médium. Era una voz diabólica que aterrorizó a Maritza. Abrió sus ojos pero no veía a nadie en la oscuridad del cuarto, pero esa voz escalofriante quedó grabada en su memoria.

La hermana mayor de Maritza fue la que ayudó a su mamá a romper sus lazos con el espiritismo cuando ella escuchó el evangelio y entregó su vida al Señor Jesucristo. Ella compartió las buenas nuevas de salvación con Maritza y su mamá y las llevó a una iglesia evangélica. Ambas escucharon el evangelio y entendieron el gran amor de Dios por ellas al enviar a Jesucristo a morir por sus pecados. Las dos pusieron su fe en el Señor Jesús y recibieron su perdón.

Abandonó el espiritismo

La mamá de Maritza se deshizo de todos sus amuletos, sus inciensos, y su práctica de buscar la ayuda de los espíritus. Poco a poco entendió que Dios, quien le ama, es mayor que los espíritus y Él quiere y puede ayudarla con sus problemas.

Los adivinos y brujos han existido desde tiempos antiguos y Dios prohíbe a sus hijos consultar con ellos. Dice en Levítico 19:31, “No acudan a los médiums, ni busquen a los espiritistas, porque se harán impuros por causa de ellos. Yo soy el SEÑOR su Dios” (NVI). Desglosemos lo que el Señor nos dice en este pasaje.

Dios prohíbe consultar espiritistas

Comienza diciendo “No recurran a médiums”. Sus palabras no dejan margen de maniobra. En ninguna circunstancia debemos buscar guía a quienes afirman comunicarse con los muertos o los espíritus.

Continúa diciendo, “Ni busquen a espiritistas”. Los espiritistas son aquellos que leen las cartas, las palmas, y usan encantos, inciensos, y otras prácticas para “ayudarle” con sus problemas. Algunos consultan a éstos para echar una maldición contra alguien que les ha ofendido. Otros quieren saber sobre su futuro: con quien se casarán, y si serán exitosos en su negocio.

Los que trabajan en esta profesión engañan a sus clientes diciendo que están consultando con seres buenos o “blancos” pero todos los espíritus son demonios que sirven a Satanás. No existen demonios “buenos”.

Dios es CELOSO

Luego el Señor nos da la razón por la prohibición: “porque se harán impuros por causa de ellos”.  El Señor quiere que Su pueblo sea íntegro, completamente consagrado a Él. En Éxodo 34:14, leemos que el Señor es muy celoso y que su nombre es CELOSO. Él quiere ser el único al que acudimos cuando tenemos preguntas, problemas, tristezas o temores.

Concluye con las palabras: “Yo soy el Señor su Dios”.  Estas palabras fueron dirigidas a los Israelitas, también conocidos como el “pueblo de Dios”. Dios llamó a Abraham a seguirle y prometió hacer de él una nación grande, exclusiva, apartada para Él del cual saldría el Salvador, Jesucristo. Abraham entró en un pacto con el Señor y toda su descendencia también.

¿Qué de usted? ¿Ha rendido su vida al Señor Jesucristo como su único Dios? Él quiere salvarle de sus pecados y luego ser su guía, ayuda, fortaleza y sostén. Pero el Señor demanda exclusividad. Si usted ha estado buscando respuestas de otros, arrepiéntese, confiese su pecado, y aférrese solo al Señor. Descubrirá que Él es más poderoso, más sabio y accesible que cualquier ser espiritual.