La consejería cristiana suple las necesidades espirituales en la Iglesia

Por: Miguel Jacinto

La consejería cristiana es un ministerio fundamental en la vida de la iglesia, profundamente enraizado en las Escrituras. Más que un acto de orientación humana es una manifestación del cuidado pastoral y del amor de Cristo entre los creyentes. En el contexto del Nuevo Testamento, encontramos fundamentos sólidos para este ministerio, tanto en el ejemplo de Jesús como en las exhortaciones apostólicas.

La consejería instruye

El apóstol Pablo exhorta a los creyentes diciendo: “Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, que vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podéis amonestaros los unos a los otros” (Romanos 15:14). La palabra “amonestar” originalmente significa instruir o advertir con el propósito de corregir con amor. Implica confrontar con la verdad bíblica para llevar al creyente al arrepentimiento y restauración.

La consejería sana

Pablo también dice: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre…” (Gálatas 6:1). El término “restaurar” en griego también se usaba para describir la acción de arreglar una red o sanar un hueso roto. Esto implica que la consejería no es simplemente corrección, sino un acto de sanidad espiritual y emocional.

La consejería anima

Además, Pablo dice: “También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, alentéis a los de poco ánimo, sostengáis a los débiles, y seáis pacientes para con todos” (1 Tesalonicenses 5:14). Aquí nuevamente aparece la misma idea, junto con otros verbos como “alentar” y “sostener”, reflejando la amplitud del ministerio de consejería: confrontar, consolar y acompañar.

La consejería cristiana no debe ser vista como un accesorio moderno, sino como una práctica esencial para el cuidado del alma (psique) dentro del cuerpo de Cristo. En tiempos de confusión, trauma o pecado, la iglesia debe ser un lugar de verdad y gracia, donde por medio de la Palabra de Dios, el Espíritu Santo y una comunidad espiritual madura, se restaura al caído, se anima al desanimado y se guía al extraviado.