Durante las fiestas navideñas, muchos amigos pasaron por la radio para dejar un manjar de diferentes postres: deliciosos chocolates, galletas, pan dulce, tartas y tortas. La mesa en la cocina de la radio rebalsaba de esta repostería. Me encantan todos ellos, pero tengo que cuidarme muchísimo por un problema con la tiroides. Cada vez que entraba en la cocina miraba la mesa llena de estas golosinas y me tentaba a tomar una; de hecho, consumí algunas y comencé a sentir las consecuencias.
Un día le pedí al Señor que me ayudara a ganar la batalla con esa tentación y me respondió a través de mi lectura de la Biblia ese mismo día. Eran los primeros días de enero y había iniciado mi costumbre de leer la Biblia de principio a fin. En esa oportunidad me tocaba leer de la tentación de Eva en el Jardín del Edén. Génesis 3:6 dice, “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió.”
Vi por primera vez un detalle que nunca había visto: La lucha en la mente de Eva comenzó cuando se detuvo para mirar el fruto prohibido; siguió mirando y de pronto comenzó a admirarlo por su lindo aspecto atractivo. Después, se puso a meditar en las palabras de la serpiente acerca de la sabiduría que ella podría gozar si comiera de esa fruta. No pudo resistir y terminó probando el fruto prohibido.
El pecado comenzó con esa primera mirada. Mi tentación también comenzaba cada vez que miraba los dulces. Después de mirarlos, me detenía a admirarlos y después seguía una lucha dentro de mi mente. “Una probadita no me hará daño…¿no es cierto?”, me decía. Estando enfrente de la mesa de confites, mi resistencia se derretía y vez tras vez cedí a la tentación.
El Espíritu Santo me habló diciéndome que yo podría vencer la tentación si hiciera un trato con mis ojos de no mirar las golosinas en la mesa y esa mañana decidí hacerlo.
Cuando llegué a la radio muy temprano puse en práctica mi plan; cada vez que entraba en la cocina miraba en dirección contraria y funcionó. Me maravillé de cuán fácil me era no caer ahora que no estaba mirando el objeto de mi tentación.
Tal vez usted tiene el hábito de mirar material pornográfico. Tal vez Satanás le ha convencido que no le hace daño a nadie mirar eso, pero le aseguro que esa es una mentira. No sólo le afecta a usted y a su caminar con el Señor, sino que tarde o temprano afecta a su matrimonio. Sin duda la intimidad con su pareja ya ha sido afectada por eso que mira.
Le animo a hacer un pacto con sus ojos. Si pone de su parte para no mirar esas imágenes, el Señor le dará la fuerza para vencer este hábito pecaminoso. En Proverbios 5:15 Dios dice, “Bebe el agua de tu misma cisterna, y los raudales de tu propio pozo.” El capítulo termina explicando las consecuencias de no seguir los consejos de Dios. “El morirá por falta de corrección, y errará por lo inmenso de su locura.”
Haga un pacto con sus ojos de no mirar lo prohibido y volver su mirada al cuerpo de su bella esposa que Dios le ha regalado. “Y en su amor recréate siempre.” (Proverbios 5:19)
