Durante la clase bíblica, Tam, una niña Vietnamita de 9 años escuchaba con suma atención. Era la primera vez que llegaba a nuestro Club de Buenas Nuevas y su mirada estaba fija en la cartulina que tenía las fotos de los personajes bíblicos. Sabía, por sus expresiones, que el Señor estaba tocando el corazón de Tam.
Al concluir la lección, invité a los niños a levantar su mano si tenían el deseo de confiar en el Señor Jesucristo para ser salvos de sus pecados. Varios levantaron la mano y entre ellos, estaba Tam.
La llevé aparte para hablar con ella mientras otra maestra se encargaba de continuar con la clase. Después de aconsejar a cada uno y estar segura de que entendían bien la decisión que estaban tomando, los guié en una oración en la que pusieron su fe en Jesucristo para recibir el perdón de sus pecados y la adopción en la familia de Dios. El rostro de Tam brillaba después de esa oración. Una vez más, me maravillé de lo hermoso que es la fe de un niño.
Ver la fe de Tam me recuerda las palabras de Jesús, “De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.” (Mateo18:3). Los niños son crédulos, una cualidad que vamos perdiendo con la edad.
Las estadísticas muestran que la mayoría de los que reciben a Jesucristo como su único Salvador lo hace entre las edades de cuatro y doce. Algunos dicen que un niño no puede entender el evangelio pero el famoso evangelista Británico Carlos Spurgeon dijo, “Un niño de cinco años, instruido correctamente, puede creer y ser regenerado de la misma manera que un adulto.”
La fe es indispensable para llegar a las puertas del cielo. Sin ella, no podemos entrar porque “sin fe es imposible agradar a Dios”. (Hebreos 11:6). Pero la fe que Dios pide de sus seguidores es una fe continua. Es decir, Él pide que creamos en su Hijo, por fe, para recibir el perdón de pecados. Pero ese es sólo el comienzo de nuestro camino de fe. Dios declara que “el justo vivirá por fe”. (Hebreos 10:38, énfasis personal). Cada día necesitamos ejercitar la fe para andar en las promesas que Dios nos ha dado para ese día. La misma fe de un niño, una fe que cree con certeza en las promesas de Dios, es la que Él busca en nosotros.
¿Qué sucede si confiamos en Cristo para la salvación pero después dejamos de creer? Es decir, ¿si abandonamos nuestra fe en Dios? Dios dice, “Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma. Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma”. (Hebreos 10:38-39 énfasis personal).
Tal vez aún no ha puesto su fe en Jesucristo. Entre más envejece, su corazón se hace más duro y más reacio a escuchar la suave y dulce voz del Señor llamándole a tomar ese paso de fe. No espere más, haga su decisión ahora mismo.
Si creyó en Cristo un día pero ahora se encuentra caminando en la carne en vez de por fe, nunca es demasiado tarde volver al Señor. Si Dios lo recibió cuando era pecador, con más razón va a volver a recibirle siendo usted uno de sus hijos descarriados. “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.” (Isaías 55:6).
