La Adicción Sexual

La Adicción Sexual

Nora* salió de su trabajo ese viernes una hora más temprano para hacer los últimos preparativos. Ese fin de semana tenía planeado participar en un retiro espiritual con las hermanas de su iglesia. Sólo le faltaba recoger su maleta, dejar la casa recogida y en pocos minutos estaría saliendo para reunirse con sus amigas en el retiro.

      A unas cuadras de su casa pasó por la puerta de un club para hombres. Cada vez que pasaba por allí oraba por ese lugar y por los hombres que se encontraban adentro. Al mirar al estacionamiento, de repente vio entrar un auto conocido. Se quedó mirando, sorprendida, sin poder creer lo que sus ojos estaban viendo. Era el auto de su esposo, Javier. *

      Inmediatamente, se puso a orar. Nora sabía que no era coincidencia que ella pasara en el preciso momento en que su esposo estaba estacionando su auto en el club. Dios permitió que ella pasara en ese preciso momento y la hizo voltear la cabeza para que viera el auto de su esposo. “¿Que hago Señor?” Instantáneamente supo que Dios quería usarla para ayudar a Javier a ser libre de la adicción sexual.

      Sabía que Javier luchaba con el vicio de la pornografía. A una edad muy joven, Javier había encontrado el almacén de revistas pornográficas de su padre y aunque se convirtió al Señor a una edad temprana, el hábito ya estaba firmemente arraigado en su corazón y no había podido vencerlo. La vida sexual de esta pareja se vio afectada por este pecado porque Javier también practicaba la masturbación.

      Cuando entró en el club, Nora no sabía qué decir, pero en verdad no fue necesario decir mucho, Javier le pidió perdón y le agradeció por sacarlo de ese lugar. Le dijo que Dios la había usado para contestar su oración. Javier le había pedido ayuda al Señor ese mañana para conquistar este pecado porque no tenía la fuerza de voluntad para dejarlo. La pena que sintió cuando Nora lo encontró fue lo que él necesitaba para buscar ayuda.

      La pornografía esclaviza a su víctima porque “los ojos del hombre nunca están satisfechos.” (Proverbios 27:20) Una vez que abre la puerta de su mente a esas escenas,  quiere ver más y más.

      Job, uno de los grandes hombres de la Biblia comparte su fórmula para vencer esta tentación. Él dice, “Hice pacto con mis ojos; ¿Cómo, pues, había yo de mirar a una virgen?” (Job 31:1) Dios describe a Job como “perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.” (Job 1:1) Sin duda, su pacto con sus ojos le protegió de caer cada vez que era tentado.  

       No existe una solución fácil, ni sencilla para aquél que se encuentra atrapado por la adicción sexual. Sin embargo hay esperanza si confiesa su pecado y busca ayuda. “Si confesamos nuestros pecados Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.” (1 Juan 1:9) Querer guardar este pecado en secreto impide que reciba la ayuda necesaria para vencerlo. Haga un pacto entre usted, el Señor y sus ojos. Después busque un grupo de apoyo que le dará las fuerzas para ser fiel a ese pacto. La pelota está enfrente de usted esperando que haga la siguiente jugada.* Nombre ficticio