Este mundo no es nuestro hogar

Por: Dolly Martin

Estados Unidos celebra su día de independencia este mes pero últimamente hay muy poca unidad en esta nación. Disturbios, violencia, saqueos y protestas han brotado en todas las ciudades principales debido al descontento político y social. Para muchos, esto parece inusual y nuevo, pero como dice Salomón en Eclesiastés 1:9, “Lo que ya ha acontecido volverá a acontecer; lo que ya se ha hecho se volverá a hacer. ¡No hay nada nuevo bajo el sol!”

Protestas recientes en Estados Unidos

En 2011, protestantes conocidos como “Occupy Wall Street” llenaron las calles de Nueva York protestando la desigualdad económica, la influencia corporativa y la injusticia social. El movimiento duró 59 días y se extendió a lo largo y ancho del país con violencia, enfrentamientos con policías y arrestos.

Dos años más tarde, en 2013 los disturbios comenzaron de nuevo cuando un policía blanco, George Zimmerman, fue absuelto por matar al afroamericano Trayvon Martin. Muchos se unieron a las protestas contra una percibida violencia y racismo hacia las personas de color.

Estas y muchas otras manifestaciones han tomado lugar a través de los años por personas buscando un mundo más placentero, justo y libre de tiranías. En verdad, todos deseamos un lugar así, y hacemos bien en desearlo. El problema es que no lo encontraremos en este mundo caído.

Todo comenzó bien

Dios creó un mundo perfecto sin injusticias, problemas, o sufrimiento. Todo era color de rosas en el jardín del Edén donde Dios colocó a Adán y Eva. Tenían toda la provisión que desearan, nunca sufrieron hambre, y Dios los visitaba cada tarde para caminar y hablar con ellos. El mundo era perfecto en todo sentido. Pero después que desobedecieron la instrucción del Señor, ellos y el mundo comenzaron a sufrir las consecuencias de su pecado.

La violencia no tardó en llegar, ya que su hijo primogénito, Caín, mató a su hermano, Abel, porque Dios aceptó la ofrenda de Abel y rechazó la suya. El problema no era Abel, sino los celos que Caín guardaba en su corazón contra su hermano quien tenía un corazón recto para con Dios. Este patrón se ha seguido incontables veces a lo largo de la historia ya que los justos muchas veces son perseguidos por aquellos que no practican las leyes que Dios ha establecido en Su Palabra.

Un mundo sin injusticias

Hacemos bien en desear vivir en un paraíso donde todos vivimos en paz los unos con los otros y las autoridades nos tratan a todos por igual. Lo hermoso es que Dios ha prometido crear un nuevo cielo y una nueva tierra donde reinará el amor, el gozo y la paz. El Señor mandó al profeta Isaías y al apóstol Juan a contarnos acerca de este nuevo lugar para ofrecernos esperanza. Isaías lo describe como un lugar lleno de alegría donde no se volverán a oír voces de llanto ni gritos de clamor. En Apocalipsis 21:3-4, Juan escribe, “Él habitará entre ellos y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos. Él enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado”.

El cielo no es un lugar imaginario, una utopía, sino un lugar real donde los hijos de Dios pasarán la eternidad, gobernados por el Rey perfecto y viviendo la vida gozosa y pacífica que siempre hemos soñado tener. Jesús está preparando ese lugar para aquellos que creen en Él y le siguen. No habrá lugar allí para aquellos que rechazan el regalo del Padre quien sacrificó a Su Hijo para salvarnos de la condenación por nuestros pecados.

Vivimos en un mundo caído

Vivimos en un mundo caído que nunca cumplirá nuestras expectativas. Tenemos que vivir aquí donde abundan las desigualdades, las injusticias, problemas sociales y gobiernos deshonestos. Pero todo esto es temporal y el Señor nos ha dado la esperanza de que un día el Señor nos llevará a gozar de esa mansión que Él ha estado preparando para nosotros desde que resucitó de los muertos. Será un lugar más hermoso de lo que podemos imaginar. 1 Corintios 2:9 dice, “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman”.

Ojos arriba

Pongamos nuestra mirada y nuestra esperanza en el cielo porque Dios no fallará en darnos lo que Él ha prometido a los que le aman y guardan Sus mandamientos.