El Poder de la Alabanza

El Poder de la Alabanza

La noticia le cayó como una bomba. Tres naciones se habían unido para hacerle guerra y estaban acercándose con una multitud de soldados y armamento. El Rey Josafat se llenó de temor, pero afortunadamente, lo primero que hizo fue buscar a Dios.

        Él era el rey de Judá, el pueblo de Dios. Era un rey justo y humilde, pero esto no le resguardó de ser atacado sin razón. Josafat convocó a una asamblea nacional en el templo. Allí se presentaron de todas las ciudades de Judá para “pedir ayuda a Jehová”, (2 Crónicas 20:4) y dirigió al pueblo en una oración sencilla y humilde. No usaron chantaje, ni le dieron órdenes a Dios ni tampoco le sugirieron algunas ideas de cómo aniquilar aquel enorme ejército que estaba prácticamente tocando su puerta.

        Josafat y todo el pueblo se presentaron al Señor, le mostraron el problema y callaron. Se quedaron quietos, esperando una respuesta de Dios. “No sabemos qué hacer y a ti volvemos nuestros ojos”, dijo el Rey. “Todo Judá estaba en pie delante de Jehová, con sus niños y sus mujeres y sus hijos”.

        El Señor respondió. Él siempre habla y en esta emergencia nacional no se hizo rogar. Él habló al corazón de Jahaziel, uno de los hombres presentes, quien era uno de los hijos de Asaf.  Según 1 Crónicas 25: 1, David apartó a los hijos de Asaf “para que profetizasen con arpas, salterios y címbalos”.

        El Espíritu de Dios vino sobre Jahaziel y éste pronunció la respuesta de Dios. “No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios”, (2 Crónicas 20:15). Jahaziel les profetizó que el siguiente día Dios les iba a librar sin que ellos pelearan. No dio los detalles de cómo lo haría, sólo les dijo que salieran a la batalla y Dios se encargaría de pelear por el pueblo y librarles de sus enemigos.

        Al oír esta palabra de Dios pronunciadas por Jahaziel, el Rey Josafat “se inclinó rostro a tierra, y asimismo todo Judá y los moradores de Jerusalén se postraron delante de Jehová, y adoraron a Jehová”, (2 Crónicas 20:19). Además, los levitas irrumpieron en alabanza a Jehová el Dios de Israel “con fuerte y alta voz”, (2 Crónicas 20:19).  

        El siguiente día, los levitas se presentaron vestidos de ornamentos sagrados hombro a hombro con los soldados que estaban armados. Josafat dio la orden para que el coro comenzara a glorificar a Jehová mientras todos marchaban hacia el campo de batalla. En ese instante el Señor hizo que las tres naciones que estaban listas para pelear contra Judá comenzaran a pelear entre ellas. Cuando llegó el pueblo de Judá al lugar de la batalla, lo único que encontraron fueron los cuerpos de aquéllos.                

Tal vez usted se encuentra enfrentando al enemigo del desempleo, la discordia en la familia o la enfermedad. Cualquiera que sea su situación, usted puede hacer lo que hizo el rey Josafat. Dios aún habla hoy, lo hace por su Palabra, por sus siervos escogidos. Humíllese delante de Dios en presencia de su pueblo. Si tiene la posibilidad física de llegar a una iglesia, hágalo. Una vez que haya presentado su problema, cierre su boca y espere. Dios le dará respuesta. Él SIEMPRE responde. Reciba esa palabra y no olvide de ALABAR a Dios con cánticos e himnos de gratitud.