El Buen Pastor           

El Buen Pastor           

Casi todos nosotros conocemos, de memoria, el Salmo 23. Comienza diciendo, “Jehová es mi pastor, nada me faltará”. Siempre he pensado en este Salmo desde la perspectiva de la oveja, pero por unos minutos, le invito a considerar la vida de un pastor. Éste se encarga de suplir todo lo que la oveja necesita, de modo que ella no tenga de qué preocuparse; la lleva a campos verdes donde puede comer y si el pastor no mueve su manada periódicamente, las ovejas se comerán hasta la raíz del pasto dejando el campo inservible por años.        

      Además de asegurarse de que tengan pastos verdes en donde puedan apacentar, el pastor también se asegura de que tengan una fuente de agua. Él las vigila 24 horas al día para protegerlas de los depredadores y también se preocupa por la salud y el cuidado médico de cada una; esto incluye darles vacunas o tratamientos en contra de los parásitos.

      Las ovejas no son difíciles de criar, pero sí requieren una supervisión continua. A diferencia de otros animales, la oveja no puede sobrevivir sin el cuidado del pastor. Un buen pastor siempre está vigilando la salud de sus animales.

      Según Susan Schoenian, especialista de ovejas y cabras de la Extensión de la Universidad de Maryland, si una oveja pierde el apetito o se aísla de la manada, es muy probable que se encuentre enferma o herida. Si mantiene su cabeza y su cola levantada (cuando no está comiendo) es una seña de que todo está bien. Si camina con la cabeza agachada o las orejas para atrás, algo está mal.

      Schoenian dice que el pelaje también es un indicador de la salud de la oveja. Los animales sanos tienen un pelaje sano; la pérdida de lana o del cabello puede ser un signo de parásitos internos o externos, de mala alimentación, de estrés u otras enfermedades. Además, si la oveja no se para bien o si camina con dificultad, podría tener una enfermedad como artritis, putrefacción de pie, gusanos o incluso la rabia.

      Un buen pastor pasa todo el día cerca de sus ovejas y esto le permite conocer sus peculiaridades. Él conoce las costumbres y preferencias de cada una, observa la postura, los hábitos alimenticios y el pelaje de su rebaño. Las enfermedades se pasan rápidamente de un animal a otro así que si observa algo inusual, tiene que actuar inmediatamente para prevenir que las otras se contagien.

      El joven David, quien escribió el Salmo 23, pastoreaba las ovejas de su padre y se pasaba días y noches en el campo con ellas. Cuando su padre lo envió con comida a donde estaban sus hermanos con el ejército peleando contra los filisteos,  tuvo que dejar el rebaño en manos de unos criados.

      Este acto tiene varios riesgos; en primer lugar, la oveja no conoce la voz del criado y si tiene que mover la manada por alguna razón, no lo seguirán porque no reconocen su voz. En segundo lugar, el criado no tiene el mismo cuidado que el dueño. Él es un asalariado que no se arriesga por salvar la vida de una oveja cuando la atacan, más bien huirá.

      El Señor Jesús quiere ser su pastor y proveer de todo lo que usted necesita para vivir saludablemente. Jesucristo dice, “Yo soy la puerta; el que entre por esta puerta, que soy yo, será salvo. Se moverá con entera libertad, y hallará pastos.” (Juan 14:9).