En nuestra sede existe una pequeña confitería con caramelos y chocolates de varias marcas, sabores y colores. Aunque realmente no me gustan los caramelos duros, mi debilidad es el chocolate. Al principio resistí la tentación porque tengo hiperglucemia y me hace daño consumir azúcar; pero de pronto un día leí que el chocolate oscuro tiene propiedades benéficas si se consume en cantidades pequeñas. Dirk Taubert, MD, PhD y sus colegas en la Universidad de Colonia, Alemania publicaron un reporte en el “The Journal of the American Medical Association” que decía que el chocolate oscuro reduce la presión alta. En otra publicación, el Dr. Mauro Serafini, reporta que el chocolate oscuro es un poderoso antioxidante.
Basada en esta información decidí que podría visitar la confitería una vez por semana para disfrutar de un pedacito de chocolate oscuro. Era un postre perfecto después de mi almuerzo del mediodía. Pronto me encontré pensando en ese pequeño chocolatito cada día cuando terminaba mi almuerzo. Poco a poco fui aumentando la cantidad hasta que me encontré comiendo uno por día y en algunas ocasiones más de uno. Me había vuelto adicta. A veces resistía por un par de horas, pero eventualmente cedía a la tentación y me comía uno antes de irme a casa.
Justificaba mi hábito diciendo que estaba haciéndolo por mi bien, pero en el fondo de mi corazón yo sabía que me había hecho esclava de esos chocolates oscuros.
A la vez, encontré que también estaba empezando a sentir fuertes dolores en un seno. Los ignoré por meses pero los dolores se iban incrementando cada día. Finalmente, le comenté a mi hermana del malestar y ella me recordó que el chocolate provoca quistes en los senos. Inmediatamente supe que ése era mi problema.
Tal vez usted ha visto su salud comprometida por una adicción: alcohol, drogas (aun las recetadas), el juego al azar, la anorexia, la bulimia, o a la cafeína. También existen adicciones de otra índole: mentir, robar, gritar, insultar, maldecir, etc.
El diccionario World Book tiene la siguiente definición de adicción: “la condición de ser un esclavo de un hábito.” Cualquier adicción por más inofensiva que parezca ser, afecta su cuerpo, su mente y sus emociones.
Dios nos advierte a no dejar que una adicción tome control de nuestras vidas. Dice, “Todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna.” (2 Corintios 6:12). Si usted se ha dejado dominar por un hábito y quiere ser libre pida la ayuda de Dios y del Espíritu Santo. Él quiere venir a morar en su corazón y darle el poder para controlar sus deseos para que estos no le controlen a usted. Si ha probado conquistar una adicción y ha fracasado es porque le faltó el poder del Espíritu Santo.
Al darme cuenta de que ya no podía consumir esos chocolatitos, le pedí ayuda a Dios y me propuse a no regresar a visitar la confitería. El dolor constante en mi seno me estimulaba a ser firme en mi determinación. Además, el Espíritu Santo me ayudó con su dulce y suave voz. Poco a poco fue disminuyendo el dolor en mi pecho y al cabo de seis meses el dolor había desaparecido por completo. En su misericordia, el Señor me libró del hábito y del dolor. Usted también puede ser libre. “Así que si el Hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres.” (Juan 8:36 NVI)
