El Comunicador · Febrero 2026

Una familia transformada

Por Dolly Martin

Un centurión en tiempos de Jesús era un oficial profesional y respetado del ejército romano que comandaba un pelotón de tropas llamado «centuria». Este pelotón podía estar compuesto por entre cien y varios cientos de hombres. El centurión actuaba como un enlace crucial entre la tropa y el alto mando. Se caracterizaba por su disciplina, su valentía en el frente y por supervisar tareas como el mantenimiento del orden y las ejecuciones. La Biblia destaca la vida de cuatro centuriones romanos. El centurión de Capernaúm que buscó al Señor pidiendo que sanara a su siervo enfermo y fue alabado por Jesús por su gran fe. El centurión en la crucifixión presenció la muerte de Jesús y proclamó: «¡Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios!». El centurión Julio escoltó a Pablo durante su viaje a Roma y le salvó la vida, mostrando lealtad y protección. El centurión Cornelio – (Hechos 10-11) era un centurión piadoso y temeroso de Dios, estacionado en Cesarea, y parte de la compañía llamada la Italiana. El regimiento italiano, o cohorte, era una unidad de entre 80 y 100 soldados romanos. Este regimiento estaba estacionado en Cesarea para mantener el orden y proteger los intereses romanos.

Estacionado en Cesarea

Cesarea fue una ciudad portuaria importante en la costa mediterránea, construida por Herodes el Grande y nombrada en honor a César Augusto. Fue la capital administrativa romana de Judea. La ciudad fue un centro de la cultura y el gobierno romanos, lo que reflejaba la influencia del imperio en la región. Su ubicación estratégica la convirtió en un crisol de diversas culturas y un centro de la actividad cristiana primitiva.

Piadoso y temeroso de Dios

Dios describe a Cornelio como un hombre “piadoso y temeroso de Dios junto con toda su casa”. Su fe en Dios no era algo que él guardaba en secreto, sino que lo practicaba públicamente. Los centuriones eran hombres de riqueza, poder y prestigio, lo que los convertía en personas influyentes en la sociedad. Cornelio usaba su riqueza y posición para ayudar a los más pobres con actos de caridad. Él también era un hombre de oración. La Biblia dice que oraba a Dios “constantemente”. No oraba a los dioses paganos, sino al Dios de Israel. Para Cornelio, orar no era solo un rito sino una conversación con el creador del universo.

La visita de un ángel

Un día mientras oraba, un ángel se le presentó a Cornelio con un mensaje del Señor. Le dice es que Dios ha visto sus oraciones y sus obras de misericordia. Que precioso recordatorio de que nuestro Padre celestial ve todo lo que hacemos, toma nota de ello y un día nos premiará. Jesús dijo, “Cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente porque es mi discípulo, de cierto les digo que jamás perderá su recompensa” (Mateo 10:42, RVA-2015). El ángel le manda llamar al apóstol Pedro. No explica la razón y Cornelio no hace preguntas. Inmediatamente envió a tres hombres (dos criados y un soldado piadoso) a Jope para traer a Pedro.

Dios instruye a Pedro por una visión

Mientras tanto, el Señor preparó a Pedro para recibir a estos hombres y entender que Dios quería que los Gentiles también fueran evangelizados y convertidos en hijos de Dios. Esto era un concepto completamente nuevo para Pedro y todos los apóstoles, pero es algo que Dios profetizó en Isaías 49:6, “…Yo te pondré como luz para las naciones, a fin de que seas mi salvación hasta el extremo de la tierra” (RVA-2015). Cuando Pedro llegó a la casa de Cornelio, encontró una gran multitud congregada. Cornelio había invitado a sus parientes y amigos más íntimos a su casa para que ellos también escucharan el mensaje de Dios. Pedro les compartió de Jesucristo, Dios hecho hombre quien vivió, murió y resucitó para traer salvación a todo aquel que cree en Él.

Una familia transformada

Para el asombro de Pedro y los creyentes que él había traído con él desde Jope, de repente el don del Espíritu Santo fue derramado sobre todos los gentiles presentes quienes comenzaron a hablar en lenguas y glorificar a Dios. Nadie podía negar la obra sobrenatural que estaba ocurriendo delante de sus ojos así que Pedro mandó a que fueran bautizados como testimonio de su nueva fe en Jesucristo. Cornelio junto con toda su familia y amigos más cercanos fueron transformados ese día en hijos de Dios y miembros de la familia de fe.

Esperanza para su familia

Dios quiere transformar a su familia también. Note que, aunque Cornelio era un hombre muy justo, piadoso, y lleno de buenas obras, el cambio no vino hasta que él y todos presentes creyeron el mensaje que Pedro predicaba acerca de Jesucristo. Dios mandó a Cornelio a traer a Pedro porque sabía que los corazones de esta familia estaban abiertos a creer en el Señor Jesús como su Salvador. Su familia también podrá ser transformada si ponen su fe en el Señor Jesús. La Biblia dice, “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”. El milagro comienza con uno. Sea usted el primero y verá como Dios lo usa a usted, como usó a Cornelio, para traer nueva vida y esperanza a su familia.