Dios recompensa a los confían en El
¿Mis oraciones nacen de una relación íntima con Dios o solamente de mis necesidades?
Cuando tenía 12 años deseaba profundamente una colección de libros llamada “Colección Tazumal”. Eran textos ilustrados sobre las ciencias naturales, llenos de color y conocimiento. Le pedí a mi abuelita que me los comprara, pero ella se negó, argumentando que eran demasiado costosos. Entonces acudí a mi madre, quien vivía en los Estados Unidos, y le escribí pidiéndole ese regalo de cumpleaños. Con amor, ella accedió, y mi petición fue concedida.
De igual manera, la Escritura nos enseña que Dios, nuestro Padre celestial, responde a quienes confían en Él. Jesús dijo: “pedid, y se os dará” (Mateo 7:7). Sin embargo, en Mateo 6:6 también enfatiza la importancia de la intimidad: “entra en tu aposento… y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará”. La palabra griega para “recompensa”, implica dar plenamente lo que corresponde. Dios no es indiferente; Él responde con fidelidad a sus hijos.
Primero, debemos tener la condición de hijos. El apóstol Juan declara que a los que reciben a Cristo se les concede el derecho de ser llamados hijos de Dios (Juan 1:12). Aquí la palabra “derecho” habla de autoridad legal. No nacemos siendo hijos de Dios por naturaleza, sino que somos adoptados por gracia. Nuestra condición pecaminosa nos separa de Él, pero mediante el sacrificio de Jesucristo somos limpiados y reconciliados con Dios.
En segundo lugar, debemos cultivar una relación íntima con Dios. La oración no es un ritual vacío, sino comunión viva. La palabra hebrea para “oracion” implica intercesión y dependencia. A su vez, la fe nos lleva a confiar plenamente en Su voluntad. Cuando permanecemos en Su Palabra, entendemos Su propósito, descrito como bueno, agradable y perfecto (Romanos 12:2).
Si descuidamos esta comunión, nuestras oraciones se vuelven superficiales y centradas en nosotros mismos. Pero cuando caminamos con Dios, nuestras peticiones se alinean con Su corazón. Él nos habla por medio de Su Palabra, y nosotros le respondemos en oración. Confiemos en Dios, busquemos Su presencia, y Él traerá la recompensa perfecta a nuestras vidas.
