Comencé a sentir un calor en mis orejas. Al principio no le presté mucha atención porque dos semanas antes había tenido una reacción alérgica a un suplemento que me había dejado mucha picazón en el cuero cabelludo y en las orejas. Estas molestias siguieron casi dos semanas después de suspenderlo. Ahora estaba tomando uno nuevo, esperando que me ayudara con la artritis.
El primer día sufrí un mareo pero me acosté y se me pasó, el segundo día igual; el tercer día comencé a sentir el calor en las orejas, el cuarto día el calor era tan intenso que mis orejas parecían estar en llamas. No aguantaba el calor y el dolor que éste me provocaba. Frustrada y molesta, me di cuenta que estaba teniendo otra reacción alérgica a este nuevo suplemento.
Pasé dos días poniéndome compresas frías en las orejas y dormía con ellas en la cabeza para aplacar el dolor. Mi primera reacción fue quejarme pero después me acordé que el dolor es un mecanismo que Dios puso en nuestros cuerpos para avisarnos que hay un problema. Yo había ignorado los primeros síntomas (el mareo) pero doy gracias a Dios que en su diseño tan maravilloso de nuestros cuerpos, Él incluyó varios mecanismos para alertarnos cuando tenemos un problema. Durante los dos días de intenso dolor pude sinceramente agradecer a Dios porque ésta fue una llamada de atención y previno que yo siguiera tomando ese suplemento.
El rey David escribió en el Salmo 149, versículos 5 y 6, “Que se alegren los fieles en su gloria; que aun en sus camas griten de júbilo. Que broten de su garganta alabanzas a Dios.” Note que dice “en sus camas”. El Señor nos está mandando a ocuparnos de cantar cuando estamos en cama y quiere que cantemos durante nuestra convalecencia. Existe muchísima evidencia de que el canto es una terapia para personas que sufren enfermedades. Un estudio reciente realizado por el Hospital Royal Devon y Exeter ha demostrado que roncar puede reducirse cuando se canta. Durante tres meses, los pacientes en el ensayo clínico hicieron ejercicios de canto para mejorar el tono de sus músculos de la garganta. La directora del coro Alise Ojay es la inventora del canto para ejercicios de roncadores. Ella encontró que pacientes que cantan los sonidos “ung” y “gar” vieron que sus ronquidos disminuyeron o cesaron.
La American Music Therapy Association define la musicoterapia como “una profesión sanitaria que utiliza la música para abordar las necesidades físicas, emocionales, mentales y sociales de los individuos de todas las edades”. Se comenzó a practicar en los Estados Unidos durante la primera y segunda guerra mundial, cuando la música fue utilizada en los hospitales de la administración de veteranos como una intervención para tratar lesiones traumáticas de la guerra.
Los veteranos se involucraron de forma activa y pasiva en ejercicios musicales que se enfocaban en el alivio de la percepción del dolor y numerosos médicos y enfermeras fueron testigos del efecto que la música tuvo en el estado psicológico, fisiológico, mental y emocional de los veteranos. Desde entonces, colegios y universidades han desarrollado programas para capacitar a los músicos en la forma de utilizar la música para fines terapéuticos.
La próxima vez que usted esté en cama eleve un canto al Señor, podría darle grandes beneficios físicos y espirituales pues el Señor se goza cuando sus hijos le cantan.
