Un Padre Amoroso

Desde el primer encuentro con su madre temporal, Paquito* la llamó “Mamá.” Las autoridades lo habían recogido cuando el novio de su madre los llamó para que lo recogieran. Su madre estaba en la cárcel por segunda vez por robo y el novio se cansó de ejercer el papel de niñera.

            Las autoridades contactaron a la abuela de Paquito pero ella rehusó recibirlo debido a que ya estaba cuidando a dos hermanas mayores de Paquito. La madre de Paquito había establecido el hábito de ir de novio en novio viviendo una vida de libertinaje sin preocuparse por sus hijos. La vida inestable de Paquito había convertido a este niño, de tan sólo tres años y medio, en un rebelde al cual nadie quería cuidar. Tenía un genio muy malo, mojaba la cama con frecuencia y siempre tenía hambre.

            Algo curioso es que al pasar los meses, Paquito nunca preguntó por su madre ni hizo mención de ella desde que entró al hogar provisorio. Parecía no extrañar ni tener recuerdos de su familia. Su mamá parece haberse olvidado de Paquito también porque cuando salió de la cárcel, no fue a recogerlo. Lo abandonó.

            Tal vez usted sufrió un abandono por parte de su madre o su padre. Algunas veces la separación es física, pero otros niños sufren el rechazo y desprecio de un padre lo cual deja heridas muy profundas. Desgraciadamente, hay niños que sufren abuso físico o sexual por parte de uno o ambos padres. Algunos hasta venden a sus hijos a la prostitución. Parece increíble, pero está sucediendo en muchas partes del mundo.

            ¿Dónde esta Dios cuando un niño sufre? En la Biblia, Dios dice, “¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, Yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida”. (Isaías 49:15).

            El profeta Isaías escribió esto miles de años antes que Jesucristo viniera al mundo a morir clavado en una cruz. Ni siquiera se conocía en los tiempos de Isaías la muerte en cruz como forma de ejecución. Dios le inspiró a este profeta a escribir estas palabras en anticipación de lo que Jesús iba a sufrir por amor a nosotros.

            Esas marcas en sus manos y pies no desaparecieron cuando Jesús resucitó de los muertos. Se los mostró al discípulo que dudaba, Tomás, como prueba de su identidad. Cuando el Señor ascendió en las nubes, se llevó ese cuerpo marcado y cuando lo veamos en el cielo, por toda la eternidad, veremos y tocaremos esas cicatrices en sus manos, su costado y sus pies.

            Las buenas noticias para Paquito son que las autoridades localizaron a su padre biológico y él ha consentido recibirlo en su hogar. Si usted, como Paquito, ha sufrido por algún tipo de abandono, recuerde que su Padre Celestial lo quiere recibir. Él lo tomará, lo abrazará y sanará esas heridas con Su perfecto amor. Corra a los brazos amorosos de Dios el cual está esperando recibirle.