El Amor de una Madre

Paula  Cichan subió al avión con su hijita Cecilia anticipando pronto estar devuelta en su casa en Phoenix, Arizona. Sin embargo, al despegar, el vuelo número 255 comenzó a tener problemas. El avión no estaba ascendiendo como debiera. Catorce segundos después de despegar estaba a solo 14 metros de altura en vez de 183 metros.

El problema fue que el piloto se había olvidado de bajar las aletas. Pocos segundos más tarde, volando a 357 kilómetros por hora chocó primero contra un poste de luz y después contra la pared de cemento de una autopista. Sus tanques estaban llenos de gasolina así que el impacto provocó una tremenda explosión la cual regó restos del avión y de sus pasajeros a media milla de distancia.

El bombero Dan Kish llegó a la escena trágica y comenzó su trabajo de limpieza. De repente le pareció oír un gemido. Pidió a sus compañeros que apagaran sus mangueras y todos se esforzaron para escuchar. Vieron entre los escombros el cuerpo de una mujer. Al examinarla encontraron que estaba muerta pero vieron que debajo de ella se movía un brazo. Era Cecilia Chichan.

Había sufrido muchas quemaduras pero estaba viva y todavía estaba abrochada en su asiento. Cecilia fue la única persona que sobrevivió el accidente. De los 156 pasajeros, sólo tres cuerpos estaban en condiciones de ser examinados por sus familias. ¿Cómo fue que esta pequeña de cuatro años sobrevivió? Por el amor de su madre.

                Cuando el avión estaba descendiendo, su madre desbrochó su cinturón, se arrodilló delante de su hijita y la abrazó fuertemente. En el momento del choque y la explosión, el cuerpo de su madre amortiguó el impacto y sirvió de escudo contra las llamas ardientes. Esta madre tuvo sólo unos pocos segundos para reaccionar, pero el amor por su hija era tan grande que no demoró en hacer lo que pudiera para protegerla. Esta madre sacrificó su propio cuerpo para salvar a su hija indefensa.

                El amor de esta madre nos recuerda el amor que Jesucristo tuvo por la humanidad indefensa cuando murió en la cruz. Pensando en nosotros, Él dejó su asiento real a la mano derecha del Padre y descendió al mundo. Envolvió su deidad en un cuerpo humano para rescatarnos de las llamas del infierno. Nos abrazó y murió una muerte sangrienta y cruel. Todo lo hizo voluntariamente por amor a nosotros.

                Jesucristo le ofrece Su amor y el perdón de sus pecados para salvarle de una muerte eterna. Él “destruyó por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo”. (Hebreos 2:14). El Señor Jesucristo lo librará del temor de la muerte y le dará vida eterna. Sólo tiene que creer en Él y recibirlo como su Salvador.