La ceremonia fue muy sencilla pero llena de significado para nosotros. Habíamos escrito nuestros propios votos expresando nuestro compromiso mutuo de vivir juntos en amor “hasta que la muerte nos separe”. Durante la recepción saludamos a los invitados agradeciéndoles el habernos acompañado en esa ocasión tan especial.
Hasta la fecha todavía recuerdo vívidamente una de las conversaciones que tuve durante nuestra recepción, con una pareja sin fuertes convicciones religiosas. Ellos comentaron que la única parte de la ceremonia que no les había gustado había sido cuando pronunciamos las palabras “hasta que la muerte nos separe”. Les pregunté por qué les había molestado este voto y dijeron que no se sabe si el matrimonio va a funcionar y que uno debe dejar lugar para el divorcio por si se llega a tener problemas.
Esto me entristeció mucho, pero a la vez me dio la oportunidad de compartir con ellos la razón por la que el divorcio es una solución inferior y que existe una mejor solución para los problemas conyugales. Al crear a la primera pareja, Dios les dijo, “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”. (Génesis 2:24). Cuando los fariseos le preguntaron a Jesucristo sobre el divorcio, Él citó este pasaje de Génesis y añadió las palabras, “Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”. (Mateo 19:6).
El que se casa (o se une en una relación de cohabitación) pensando que va a recurrir al divorcio si tiene problemas, está tomando el primer paso hacia la corte de divorcios. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que toda pareja sufre desacuerdos fuertes en un momento u otro y la convicción con la que contrae el pacto matrimonial determinará cuánto va a luchar por preservar ese compromiso.
Yo tengo muchos amigos muy queridos que han sufrido la devastadora experiencia de un divorcio y no le desean ese dolor a nadie. Los hijos son los que más sufren cuando una pareja se separa. Aunque la gracia de Dios cubre nuestro pasado y nos permite comenzar de nuevo, no borra las consecuencias del divorcio ni sus efectos emocionales, físicos y socioeconómicos.
Al explicar brevemente a esta pareja el plan perfecto de Dios para el matrimonio, me dio mucha pena escuchar de sus labios comentar que no están de acuerdo con el plan de Dios porque no creen que sea justo tener que permanecer en una relación infeliz por el resto de sus vidas. El problema es que ellos no conocen a Dios íntimamente como Señor y Salvador y desconocen Su poder para cambiar personas y situaciones. Ellos sólo cuentan con su propio poder limitado e imperfecto frente a un problema.
Cualquier problema tiene solución si deja que el todopoderoso Dios se encargue de él. Pida a Jesucristo, su abogado divino, que pelee su caso cuando tenga problemas en su matrimonio. Él es el único que puede transformar, restaurar y renovar su vida y la de su cónyuge.
