El comunicador: Hallamos perdón en la cruz – abril

Tumba de Jesús vacía y abierta, con tres cruces al fondo y el sol iluminando desde el fondo.
Por Dolly Martin

El himno moderno titulado “El poder de la cruz” fue escrito por Stuart Townend y Keith Getty como una narrativa de los eventos desde la crucifixión del Señor Jesucristo hasta su resurrección. Stuart dice, “La canción evoca la imagen de aquel Viernes Santo en el que Cristo fue juzgado, flagelado, clavado en una cruz, sufrió y murió; y el estribillo intenta explicar el significado de todo ello”. El estribillo dice,

El poder de la cruz:
mi lugar El tomó
mi castigo sufrió
En esa cruz hallé perdón

El plan de Dios profetizado 

Cientos de años antes de que Jesús llegara a la tierra, Dios instruyó a Su profeta Isaías a escribir acerca de lo que Su Hijo, Jesucristo, padecería para redimir al pecador.  En el capítulo 53 de Isaías, Dios nos dice claramente que Su siervo llevaría la ira de Dios para pagar por el pecado del mundo. Isaías 53:5 dice, “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”.

Más adelante en el versículo 10 de este capítulo mesiánico leemos, “Pero quiso el SEÑOR quebrantarlo, sometiéndolo a padecimiento…” (NBLA) Aunque Jesús es el amado y unigénito Hijo de Dios, Él recibió TODA la ira de Dios sobre Su cuerpo mientras moría en esa cruz. Aunque no había cometido un solo pecado, Cristo murió, “el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18).

Era necesario que Jesús muriera

Jesús sufrió flagelación de los romanos al menos dos veces antes de ir a la cruz. Aquel que creó al hombre, permitió que el hombre lo castigara porque ese era el plan de Dios. Repetidas veces Jesús le explicó a sus discípulos: “Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día” (Lucas 24:7).            

El apóstol Pedro explica el gran beneficio que recibimos gracias al sacrificio del Señor en la cruz en 1 Pedro 2:24, “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados”.

El gran intercambio

El apóstol Pablo explica el evangelio de esta manera: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21). Dios el Padre nos regala justicia (siendo pecadores) porque Su amado Hijo recibió en Su cuerpo el castigo por todos nuestros pecados. El intercambio, justicia por pecado es inmerecido y otorgado gratuitamente cuando ponemos nuestra fe en la obra completa del Señor Jesucristo.

Está disponible para todos, pero no todos reciben este gran regalo de Dios. Uno debe arrepentirse de sus pecados y poner su fe en Jesús para recibir este increíble regalo de Dios. No necesita limpiar su vida, dejar sus vicios, ni hacer buenas obras. El único requisito es humillarse delante de Dios y recibir su oferta con gratitud.

El día de la ira

El que rechaza el gran sacrificio de Jesucristo enfrenta la ira de Dios como se nos advierte en Romanos 2:5 “Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios”. Dios aborrece el pecado y tiene que castigar al pecador porque es un justo juez que castiga al que no cumple sus leyes. Pero también es un Dios de amor que desea tener comunión íntima con los que le buscan con un corazón sincero. Por eso envió a Jesús que tomara nuestro castigo. Al morir Jesús en nuestro lugar, satisfizo la justicia del Padre contra el pecado y a la vez extiende gracia a los que se humillan ante Cristo y reciben su oferta de perdón y vida eterna.

¿Cuál es su decisión?

Dios ha hecho la obra y extiende su perdón por medio de Su Hijo, Jesucristo. ¿Lo recibirá o lo rechazará? Mi oración en esta Pascua es que usted abra su corazón al Salvador, Jesús, y reciba la justicia de Dios a cambio de su injusticia. ¡Felices Pascuas!

La resurrección de Jesús es la esperanza gloriosa para los creyentes

Cruz en medio del césped con la iluminación del sol

Por Miguel Ángel Jacinto

La resurrección de Jesús es el fundamento de la fe cristiana y la base de toda esperanza que transforma la vida presente. También es la promesa que garantiza vida eterna, victoria sobre la muerte y la restauración final en comunión plena con Dios.

La resurrección de Jesús es el fundamento de la fe cristiana

La esperanza cristiana se sostiene sobre la realidad de la resurrección de Cristo. Pablo afirma que: “Si Cristo no resucitó, vana es vuestra fe” (1 Corintios 15:17). El término griego “anástasis” describe un levantamiento real y corporal. Esta verdad cumple la expectativa hebrea de vida más allá de la muerte, conectada con la idea de una vida plena. La resurrección de Jesús no es un mito espiritual, sino la intervención decisiva de Dios en la historia, asegurando que los creyentes tenemos un fundamento firme y total

La resurrección de Jesús es poder transformador presente

El Nuevo Testamento enseña que la resurrección no solo apunta al futuro, sino que transforma el presente. Pablo expresa su deseo de conocer “el poder de su resurrección”, usando el término griego “dynamis”, que implica energía divina activa (Filipenses 3:10). Esta vida nueva se relaciona con la renovación espiritual que refleja el concepto hebreo del aliento vivificante de Dios. Así, la resurrección capacita al creyente para vivir en santidad, victoria sobre el pecado y comunión con Dios, evidenciando que la vida eterna comienza aquí y ahora.

La resurrección es la esperanza de la consumación final

Jesús declara: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25). Jesús ofrece vida eterna a quienes creen en Él. En 1 Tesalonicenses 4:14 Pablo afirma que Dios traerá con Jesús a los que durmieron en Él, mostrando que la muerte no es el fin de la vida. Esta esperanza se conecta con el anhelo de una de vida de plenitud restaurada. La resurrección de Cristo nos asegura la restauración total, donde la vida vence a la muerte y Dios habita con su pueblo por toda la eternidad.

Amigo, la resurrección de Jesús no solo confirma nuestra fe, sino que transforma nuestra vida diaria. Nos invita a vivir con esperanza activa, santidad y comunión con Dios. Confiar en Jesús nos permite anticipar la plenitud eterna y la restauración total de la creación que Él promete.